Cada vez que debes hacer algo como entrevistarte con alguien o iniciar una actividad nueva comienzas con un “supongo”; supongo que si digo esto me contestarán lo otro; supongo que si hago esto el resultado será esto otro. Puedes seguir con tus suposiciones hasta el infinito y al final ya no sabes qué era lo que querías hacer o simplemente abandonas porque das por supuesto que no vale la pena o no va a funcionar.

Enfréntate a tu miedo con antelación, pero en tu mente. Crea una película en la que tu acción es la correcta, la reacción de tu oponente es de curiosidad y especial atención. Argumenta de forma clara, sin vaguedades, tu propuesta. Escucha su respuesta a lo que acabas de exponer y la aceptación de tu propuesta. Presta especial atención a la emoción que provoca en ti el resultado de la entrevista.

Si se trata de una actividad nueva harás el mismo proceso viendo paso a paso el desarrollo de esa actividad. Estás poniendo todo tu conocimiento, todo tu empeño y todo el amor hacia esa actividad hasta obtener un resultado  excelente. Ahora presta especial atención a la emoción que te provoca esta nueva actividad o etapa de tu vida.

Esta técnica la repetirás cuantas veces sea necesario mejorándola  en la medida de lo posible cada vez. De esta manera tu cerebro está recibiendo un entrenamiento intensivo para que en el momento de enfrentarte a ese acontecimiento en la realidad lo pueda realizar como algo automático largamente experimentado.

No supongas. Hazlo. Lo que se oye se olvida, lo que se ve se comprende, lo que se hace se aprende. El aprendizaje empieza en la mente