Siempre me ha costado hablar de mí, no me siento protagonista de nada, pero a lo largo de la vida se van aprendiendo muchas cosas, uno tiene muchas estrategias y muchos recursos para superar dificultades y limitaciones que uno quiere compartir precisamente para ahorrarle a otros la dureza del aprendizaje.

Hace más de treinta años me dedico a ayudar a mis semejantes a ver la vida con otros ojos y a resolver dificultades, superar miedos, corregir hábitos y unas cuantas debilidades más que arrastramos día a día.

En esta actividad centro mi atención en ti, en ti que pides mi ayuda, en ti que confías en mí, pero sé que a veces necesitas saber qué es lo que yo sé de tu sufrimiento. Hoy estoy dispuesta a hablar sin temor, ya necesito decir todo lo que aprendí en la escuela de la vida, en diversas academias y en los cientos de libros que leí. Tuve muy buenos maestros, aprendí técnicas avanzadas en naturopotía, homeopatía, osteopatía, quirología y  radiestesia, pero acerca del dolor, el miedo o la ira que tu sientes, eso la aprendí en mi piel. Por eso cuando tú me hablas de tus sentimientos yo te comprendo perfectamente porque antes yo pasé por ahí. Me acerqué a las puertas del infierno y llegué a verle las barbas al demonio. Afortunadamente supe dar marcha atrás y salir del agujero.

Te hablaré de momentos cruciales, de contaré como me sentí y como me siento hoy. Te puedo asegurar que por muy duro que sea el momento siempre se puede superar. Nada te obliga a anclarte en un punto porque además es imposible. Es imposible permanecer en una misma situación todo el tiempo porque todo está en movimiento, todo cambia y si aprendemos a fluir con los acontecimientos siempre encontraremos un punto débil por el que huir. Eso me trae a la mente un momento en el que estuve atrapada en una corriente en un río en la desembocadura al mar, la marea bajaba y me arrastraba mar adentro, luché un rato pero pronto me di cuenta de que en aquel punto me agotaría y seguiría a mar abierto, así que me dejé arrastrar pero sin demasiado esfuerzo me fui moviendo a los borde de la corriente y en el punto en que la fuerza del agua disminuía hice el último esfuerzo y salí de la corriente.

Mi consejo de hoy es No te enfrentes al peligro, busca su punto débil y abandona.