Otoño

Otoño y sus cambios vitales. Se acortan los días, baja la temperatura, los árboles cambian de color y dejan caer sus hojas. Todo el paisaje cambia. El bosque se viste con sus mejores galas para despedirse hasta la primavera. Se recoge en la intimidad de la tierra dispuesto a pasar el invierno.

¿Tú ya estás preparado para hacer lo mismo?

La sociedad industrial, la vida urbana y la globalización te han ido separando de la naturaleza; te han enjaulado y te alimentan todo el año con la misma comida. Ya no sabes cuando es invierno ni verano. Tu jaula tiene calefacción en invierno y aire fresco en verano. Tienes la misma luz todo el año, a veces tu jaula parece una verbena o la iluminación de la Navidad. El día se te hace larguísimo, llegando a ocupar la mitad de la noche, el día comienza cuando el sol ya está en el centro. En fin, tu vida es monótona y todo el año es casi igual.

Llega el otoño y es hora de ajustarte a su ritmo. Hoy te voy a hablar un poco, no mucho, de eso.

Con el otoño llegan los frutos que se conservarán durante el invierno, cargados de nutrientes de gran calidad, alimentos potentes para soportar el frío del invierno. Los días son más cortos e invitan a descansar.  ¿Has pensado en cambiar ligeramente tus hábitos? Te aseguro que te sorprenderá descubrir de qué manera puedes empezar a disfrutar y a sentir curiosidad, puedes llegar a sentir entusiasmo al hacer cosas nuevas.

Te invito a cambiar tus desayunos. Un miserable  café con leche y un bollo o un colacao en un vaso de leche, sustituidos por una rebanada de pan integral con ajo, aceite y jamón y una taza de una infusión de tu agrado;  una rebanada de pan integral con un paté de nueces, pipas de girasol, miso, aceite, ajo, orégano; un paté de aceitunas o si prefieres un plato de muesli con una bebida de almendras, avellanas, arroz o avena. Queso, huevos, etc. Tantas cosas sabrosas y nutritivas.

Si trabajas fuera de casa te puedes llevar un tentempié de frutos secos o fruta seca y un termo con una infusión de jengibre, cardamomo y canela con un poco de miel. Te sentirás reconfortado y con un agradable calorcillo corporal.

Para comer hay multitud de alimentos nutritivos y variados propios de la estación como arroz integral, alforfón, mijo, quinoa que puedes combinar con las verduras de temporada. Legumbres variadas combinadas también con cereales o verduras. Descubrirás el placer de preparar tu propia comida y de comer diferente y sobre todo, sano. Evitarás las comidas industriales cargadas de conservantes y añadidos que no tienen otra función que la de “añadir” algo que no aporta valor al alimento, sino al contrario, lo desvirtúa.

Si comes carne o pescado puedes seguir comiendo, pero necesitarás mucho menos y en poco tiempo llegarás a descubrir que te sientes mucho mejor. Te desaparecerán sensaciones molestas que antes dabas por normales, pero verás que no lo eran porque ahora no las sientes. Y si prescindes de productos animales y alimentos envasados los cambios serán mucho más notables.

Los días son mucho más cortos y no necesitarás merendar, pero sí puedes tomar una infusión de tu agrado o un caldo de levaduras que te aportará calor y bienestar.

¿Y para cenar? Ligero, ligero. Recuerda: Desayuno de rey, comida de príncipe y cena de mendigo.

Para las cenas nada como una sopa de verduras con algún cereal como mijo, sémola de maíz, copos de avena o alforfón (conocido también como trigo sarraceno). Verduras salteadas con quinoa o mijo. Verduras al vapor. Huevos pasados por agua o escalfados, pescado a la plancha. Un revuelto de verduras o setas.

Los aliños serán a base de hierbas aromáticas, salsa de soja, miso. Como puedes ver tienes mucho dónde elegir. Ahora tienes que abrirte a la curiosidad y empezar a experimentar. Te entusiasmará comprobar de lo que eres capaz.

Este otoño, además de volver la vista hacia ti, cuidar tu alimentación, también procurarás ajustarte a los horarios acostándote un poco antes de lo habitual. No dejes que se te pase ese momento de sueño espontáneo que se te despeja con la televisión o el ordenador. Deja pasar un buen rato desde la cena hablando con la familia u ordenando los planes para el día siguiente. No permitas que los estímulos de la televisión o el ordenador te exciten y te espanten el sueño. Verás como recuperas el placer de dormir relajado.

Este otoño recupera tu relación con la naturaleza.