Hinolita Lamas

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La verdad de los transgénicos u OMG

Desde hace tiempo tengo en mente hablar de los trangénicos. Esta es una materia delicada porque por una parte nos la venden como la solución al hambre en el mundo y por otra se trata de una manipulación de los alimentos con muchas aristas. En los años cuarenta y siguientes se puso en marcha lo que llamaron «la revolución verde». Iba a eliminar el hambre en el mundo y la verdad más descarnada demostró que generó más hambre.

Se trataba de cambiar radicalmente la agricultura enfocándola a cultivos extensivos; grandes superficies de monocultivos que requerían menos mano de obra y suponían una mayor producción, pero esto suponía el uso de maquinaria pesada, muy cara; uso masivo de fertilizantes, muy caros; pesticidas, muy caros y muy venenosos; gran contaminación ambiental por los fertilizantes y los pesticidas, pérdida de biodiversidad en la fauna y la flora; empobrecimiento del suelo por la explotación masiva; la contaminación ambiental añadida por la combustión de la maquinaria, los medios de transporte de los productos de la tierra en largos viajes a los puntos de consumo; gran número de intermediarios que encarecían el producto y la desaparición de los pequeños agricultores cuyo único medio de vida era el campo y abastecían de alimentos frescos, de temporada y que no requerían de grandes infraestructuras ni logística.

La producción de transgénicos tiene los mismos inconvenientes porque sigue el mismo modelo de agricultura, pero con varios añadidos más.

Se manipulan las semillas para que soporten más venenos y a la vez actúan como herbicidas e insecticidas, lo que las convierte en alimentos tóxicos tanto para insectos como para otros animales y personas. Estas manipulaciones también abarcan el fruto evitando que su maduración sea rápida y no se descompongan en un plazo corto y puedan resistir largos periodos de tiempo en almacenaje hasta su venta; esta manipulación afecta a los enzimas que favorecen la descomposición de la fruta, por ejemplo, cuando la maduración llega a su punto mayor. Lejos de ser una ventaja es un gran inconveniente, porque con los  enzimas desactivados o ausentes nuestro organismo no puede digerir adecuadamente ni puede asimilar sus elementos nutrientes.

Otra acción de la manipulación es la de desactivar la fertilidad de las semillas. Todos habréis comprobado que pimientos, tomates, sandías y otras hortalizas y frutas carecen de semillas y si las tienen son estériles, de tal manera que aunque las sembremos no germinan. Esto nos lleva a que las empresas que las manipulan tienen el monopolio de la comida. Estas plantas cuando polinizan contaminan las del entorno y les otorgan estas modificaciones, con lo cual vamos perdiendo diversidad de alimentos.

En este punto es importante señalar que estas empresas se escudan en leyes totalmente inmorales y son capaces de destruir los cultivos adyacentes y acusar de robo a los agricultores clásicos porque ellos tienen las patentes y nadie puede cultivar nada que posea las características de sus semillas. No sirve defenderse alegando que son sus cultivos los dañados por la contaminación. Gana el que más paga. Hay múltiples casos documentados de familias totalmente arruinadas por estas prácticas abusivas

¿Como llegan a la mesa los transgénicos? Por muchos caminos. Al fin se ha conseguido que en las etiquetas se indique si es producto OMG. Esto ha costado años de lucha por el derecho a la información. Pero lo cierto es que las semillas que se usan para piensos animales son transgénicas y no hay forma de saber si esa carne que consumimos estás contaminada, tampoco sabemos cuantos elementos OMG están presentes en todos los componentes de un plato precocinado. La inmensa mayoría de la soja que se usa es transgénica y la soja y sus derivados están presentes en casi todo. Incluso medicamentos llevan elementos OMG.

Un alto ejecutivo de una multinacional de farmacia dijo sin ponerse colorado que ellos fabrican medicamentos solo para los ricos, bien, pues detrás vendrá el que ellos producen alimentos solo para los que los puedan pagar, es decir para los ricos. Lo pobres no tendrán tierra ni semillas.

Estos son los avances tecnológicos, es el progreso, la sociedad del bienestar, la prosperidad.

En Francia hay un gran movimiento de oposición a los transgénicos, de momento la lucha es ardua, pero no se callan. Hay que fomentar la conservación de las semillas autóctonas, evitar el uso de venenos en los cultivos, usar abonos de origen animal y compost hecho en la misma huerta con los desechos vegetales mezclados con tierra y lombrices. Consumir los productos de la huerta del entorno evitando el consumo de productos de otras latitudes, consumir productos de temporada. Evitar los platos precocinados y alimentos comerciales.

Sólo podemos avanzar, persistir, dando pasos atrás; volver a un consumo responsable y más simple, tal como se comía hace setenta años. Vale la pena.

«No comas nada que crezca a más de una jornada de tu casa»

«Las cosas hay que comerlas cuando las comen los soldados»

 

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