Fin de una etapa y una etapa nueva . Así eternamente, la vida es una sucesión de acontecimientos, de etapas, vivencias. De vivencias y cuidados te voy a hablar hoy, porque me gusta empezar hablando de sensaciones y emociones que son lo que realmente aporta riqueza a la vida.

El cielo azul, limpio, el sol radiante y cálido; lentamente los colores del bosque van cambiando, incluso los sonidos son diferentes, los aromas también son especiales. El final del verano en la ciudad es el comienzo de una rutina anodina que va absorbiendo nuestra atención y apartándola de las pequeñas cosas gratificantes que pueden alegrar nuestra vida.

Fin del verano, principio de otra forma de vivir. Esto es lo bueno de los cambios, sean del tipo que sean, son la oportunidad de hacer cosas nuevas, de experimentar otra forma ver el mundo, nuestro mundo, tu mundo.

Al regreso de las vacaciones es el momento de tomar conciencia de que tendrás otros once meses repartidos en fracciones de tiempo de siete días, siete días que se suceden sin tregua y haciendo siempre lo mismo. Hoy te invito a pararte un momento, tomar aire y pensar en lo que realmente importa: Tú.

Seguramente pienses en que no te puedes parar a pensar en ti porque tienes que cuidar de tu familia; tu trabajo que te ocupa un tercio, o más de tu tiempo; te sientes invadida por las responsabilidades y no queda tiempo para ti. Precisamente por eso es por lo que tienes que pensar primero en ti porque si tú fallas todo lo demás se viene abajo.

No me malinterpretes, no te estoy diciendo que tienes que estar en pie las veinticuatro horas del día y siempre al cien  por cien, no. Lo que quiero decir es que tú tienes que conservar tu salud por tu bien; quiero decir que los que te rodean también tienen responsabilidades hacia sí mismos; que la vida es para compartir y que nadie nació para servir a los otros incondicionalmente.

Final del verano, días más cortos, noches más largas (será para algo). Párate un momento y piensa en cómo repartir ese tiempo de forma que tu vida mejore. Como digo al principio, las sensaciones y las emociones son lo único que enriquece la vida, como decía María Victoria Moreno Márquez, “Nada de lo que se consigue con dinero vale realmente la pena”. De poco aprovecha que te esfuerces en trabajar de sol a sol y al volver a casa continúes con tus “deberes” del hogar; alargar el día hasta las altas horas de la noche para luego dormir deprisa para comenzar un nuevo día con el mismo ritmo.

Ahora es el momento de hacer valoraciones y atender sólo las prioridades; también es momento de involucrar al resto de la familia en actividades que conciernen a todos: si todos manchan, todos deben limpiar; si todos comen, todos deben cocinar. Si tú tienes que salir a ganar un salario como otros miembros de la familia las tareas domésticas también son de ellos.

Y ahora vamos a hablar en serio. Tienes que alimentarte bien. Salir a la mañana con un café no es desayunar; tu desayuno debe ser nutritivo, vital; sólo cereales industriales no es desayunar. Te digo lo que puedes desayunar y tú lo organizas de forma que te ocupe poco tiempo pero que vayas alimentada. Desayuna sentada, por favor.

Alimentos que debes consumir a la mañana: Un buen vaso de agua nada más levantarte. Te arreglas y tú eliges: huevos pasados por agua; pan integral tostado con ajo, aceite de oliva virgen y tomate o lechuga y jamón; pan integral con tahin; queso fresco; pan integral y una conserva de pescado (sardinas, atún, melva, caballa…); un revuelto de setas; jamón cocido de calidad, etc. Como puedes ver tienes mucho dónde elegir. Una infusión de hierbas relajantes (azahar, melisa y salvia, por ejemplo; té verde; achicoria de cocer (evita los solubles y el café porque retrasa la digestión)

No es cuestión de hacerte un menú; como digo al principio vas a pararte para reflexionar acerca de cómo pasaste el verano y cómo quieres pasar el invierno y el resto de tu vida.

A media mañana frutos secos, un puñadito, fruta fresca o fruta seca (ciruelas, orejones, pasas, dátiles, un puñadito de lo que elijas) de esta manera no decaerás durante la mañana y no comerás con ansiedad al mediodía. Notarás que acabas comiendo menos cantidad y que además de mejorar tus digestiones también mejora tu tono vital y pierdes volumen y algo de peso ¿Quién te lo iba a decir, verdad?

Al mediodía come como siempre, aunque te ruego encarecidamente que comas todo lo que puedas preparado por ti, evita en todo lo posible alimentos industriales, procesados de cualquier manera. (Si no te queda más remedio que comer fuera de casa en el comedor de la empresa o en el restaurante, elige lo más simple y con menos artificio) Si te llevas tú la comida procura también platos lo más sencillos posible preparados con elementos lo más cercanos a la naturaleza. Trata de comer un plato único que contenga verduras, legumbres, pasta, arroz o semillas como por ejemplo mijo o alforfón (trigo sarraceno) y algo de proteína (huevos, pescado, carne o queso) Come sentada y tómate unos minutos para que se asiente el estómago.

Una bebida ligera como té verde o una taza de caldo. Te entonará el cuerpo.

Nunca, nunca uses microondas (otro día hablaré del microondas)

Te digo todo esto porque en todo momento y en todas partes puedes encontrar materia para plantearte preguntas de vital importancia, lo que yo suelo llamar “reflexiones incómodas”. De reflexiones incómodas te voy a hablar.

Vivo en un barrio tranquilo de la periferia de Pamplona con grandes espacios verdes y hace pocos días me acerqué al centro (me desplazo siempre en autobús), era media mañana y había mucha gente haciendo compras, recados o simplemente paseando, yo me iba cruzado con gente de lo más variopinta; mientras esperaba el autobús seguía viendo gente diferente, pero había algo que llamaba poderosamente mi atención: la manera en la que había cambiado el aspecto de las personas.

En un porcentaje altísimo la gente va ensimismada, camina de prisa, como si todos tuvieran algo urgente que solucionar; la mirada fija en el teléfono a veces incapaces de los obstáculos con los que acaban tropezando. Da igual donde sea, tiendas, la parada del autobús, en la consulta médica, aunque haya una sola persona nadie responde al saludo, nadie da las gracias por los servicios que recibe, nadie se disculpa si molesta. Es como si todos fueran autómatas.

¿Qué está pasando en la sociedad humana? A veces da la impresión de que se masca el miedo y, como una paradoja, se asoman a la pantalla del ordenador o del teléfono y todos quieren protagonizar algo, todos desean ser vistos y admirados, todos esperan un me gusta. En la calle no miran a nadie y en la pantalla juzgan a todos; en la calle no saludan y en al pantalla, dicen, que tienen cientos de “amigos”.

Fin de una etapa y una etapa nueva. Comienzo describiendo el fin del verano y comienzo del otoño como si fuera una premonición, como se se acabara una etapa de luz y calor humano y el comienzo de una etapa de decadencia, de declive hacia una frialdad insoportable.

Fin de una etapa y una etapa nueva. Antes que sea tarde convendría plantearse hacer una auto crítica de como estamos evolucionando, hacia dónde nos dirigimos. Todavía estamos a tiempo de desprendernos de la dependencia de un sistema que nos devora con nuestro consentimiento.