Felicidad y desdicha son sentimientos pasajeros y sujetos a modificación.

Todos deseamos la felicidad, la gente busca la felicidad perpetua sin saber que perpetuo no hay nada, todo está, eso sí, en perpetuo movimiento. Tampoco la desdicha es permanente porque siempre suceden cosas que nos permiten desconectar con ese sentimiento. Tristemente es muy fácil anclarse en el sufrimiento, más que en el disfrute, aunque si observamos nos daremos cuenta de lo difícil que resulta desprenderse de los sentimientos, buenos o malos.

Cuando se está en la cresta del bienestar se pretende permanecer ahí a toda costa, pero poco a poco se va perdiendo la ilusión porque la rutina cansa y se desean emociones estimulantes que de nuevo nos hagan sentir vivos, a la vez  temiendo que esto se acabe, llenando la mente de temores que le hacen entrar en un estado de frustración y vacío.

Por otra parte, cuando se vive una situación dramática, o simplemente triste, se tiende a anclarse en ese sentimiento de dolor, de tristeza profunda, afirmando que eso es el fin de la vida, que nunca más se podrá ser feliz; este tipo de pensamiento impide ver lo que trae de nuevo cada amanecer. Es lo que dice el aforismo: Si las lágrimas te impiden ver el sol, mira las estrellas.

Entre un sentimiento y el otro se nos escapan los días de la vida sin disfrute. La felicidad se produce cada día con cada pequeño acontecimiento que nos arranca una sonrisa. Esos momentos son los que de verdad llenan la vida porque ocurren a menudo. Los grandes acontecimientos casi nunca pasan y, además, también son pasajeros. Por eso nunca debemos desperdiciar las pequeñas cosas, son las que más valor tienen porque son muchas.

Disfruta esos pequeños momentos, esos pequeños placeres y verás que la felicidad te acompaña. Cuando estés pasando un momento difícil debes verlo como tal, simplemente difícil, pero no eterno. Imagina un gran lago de aguas limpias, serenas, transparentes, ese es tu momento de felicidad, disfruta antes de que llegue la tormenta.

Cuando llega la tormenta el agua se agita, se vuelve turbia, amenazante, pero tienes que mantenerte a flote, no la percibas como una desdicha eterna, también vendrá la calma. Más que una desdicha tómala como un reto para mantenerte a flote hasta que vuelva la calma.

Cuando veas los aconteceres de la vida como momentos de calma y momentos tormentosos, cuando descubras que los puedes afrontar y pasarlos, descubrirás que posees una gran fuerza, que eres indestructible y, al final descubrirás también que la desdicha te hace fuerte y te permite disfrutar más de las pequeñas cosas.

Descubrirás que nada es bueno ni malo, simplemente diferente; todo son oportunidades que te permiten fortalecerte, descubrir que eres mejor de lo que te habían dicho y mejor de lo que creías.