Hinolita Lamas

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Esclavitud, gran rendimiento económico y psicopatía

Un trío desconcertante, pero que sin embargo actúan juntos.

A través de los tiempos el hombre esclavizó a los animales y a sus semejantes con el pretexto de conseguir más bienes. El hombre tiende a la acumulación de bienes. Se habla de prosperidad, de progreso, cuando hay abundancia hay bienestar para el conjunto, pero se tiende también a que ese bienestar se distribuya de forma poco equitativa cuando la producción de bienes se hace con fines comerciales. Se busca el mayor rendimiento posible con el menor costo posible, buscando grandes beneficios que hacen más próspero al que los controla, pero más pobres a los que los producen.

Cuando el hombre vivía en pequeñas comunidades el esfuerzo era de todos por igual y lo obtenido era para la comunidad sin discriminaciones. A medida que los núcleos sociales se fueron haciendo mayores se distribuyeron las funciones en categorías y el que controlaba dicha distribución se reservaba la mejor parte y hombres y bestias contribuían a la producción de bienes a cambio de alimento y cobijo, esa era la esclavitud. Se pasó de la prosperidad para la comunidad a la prosperidad del poderoso y éste se pasó de la prosperidad a la codicia acaparando todo lo que podía y sometiendo a su entorno a su dictadura.

Cuando parecía que nuestra sociedad humana había superado la esclavitud, que había abundancia para todos, bienestar y respeto descubrimos que se ha dado una vuelta de más a la tuerca y estamos en el principio. La producción de bienes ya no es para la comunidad que los produce, los beneficios ya se han pasado de la prosperidad a la codicia y de ahí a la psicopatía, la demencia. Todos adoran el dios dinero, pero lo acaparan los poderosos y los que lo producen están pasando miseria, para muchos ni siquiera hay comida ni cobijo.

Estamos asistiendo al retorno a una nueva Edad Media más feroz que la anterior, los medios de represión son más sofisticados y poderosos. La riqueza del planeta se la reparten un porcentaje muy reducido de la población mundial y la miseria es más profunda para más del 90% de la población mundial, pues los poderosos se reparten la tierra expoliando el planeta entero. No se puede hablar de crisis, la situación es mucho más grave, pero lo más lamentable es que esa masa de gente que trata de sobrevivir no es consciente de cómo la manipulan y todavía está esperando que las cosas vuelvan a sus cauces anteriores y puedan disfrutar de nuevo de comodidades, ostentación y sensación de progreso que disfrutaron hace unos años. El crack de 1929 fue un entretenimiento respecto a lo que nos espera.

Me produce gran desazón hablar de esto, pero creo que no lo debo callar. La situación es muy delicada y hay que hacerlo saber. No puedo aportar soluciones porque todo es muy complejo, pero si puedo decir que es imprescindible un cambio de conciencia. Como he dicho en otras ocasiones, ahora sólo se puede avanzar retrocediendo, volviendo a una forma de vivir más elemental, básica, en contacto con la tierra y conservar el medio ambiente a toda costa. No quisiera parecer violenta, pero es necesaria una revolución en todos los sentidos. Esta revolución empieza por consumir lo justo, lo imprescindible; consumir lo de nuestro entorno para que los que robaron la tierra no puedan vendernos el fruto del latrocinio. Sólo la autosuficiencia nos permitirá seguir comiendo. Lo que nos vendían como progreso sólo era vendernos lo que no necesitábamos para que siguiéramos produciendo dinero, entregarnos al consumo desenfrenado de materiales que ni siquiera llegábamos a disfrutar porque debíamos seguir produciendo más dinero para comprar lo siguiente. Llenar las casas de objetos que no se usaban porque el tiempo que quedaba había que producir más dinero para pagarlos.

Se nos vendió la liberación de la mujer induciéndola a trabajar fuera de casa, lo que no la liberaba de seguir ocupándose de las labores domésticas y de los hijos. Como no llegaba a todo tenía que dejar los hijos en la guardería, aparcarlos. Como eso tenía un costo añadido debía trabajar más tiempo fuera por lo que tampoco le quedaba tiempo para las tareas básicas como la compra y preparación de los alimentos por lo que era preciso comprar los alimentos medio preparados, congelados; comprar electrodomésticos que a su vez suponían conseguir más dinero, créditos, intereses, más horas de trabajo. Los hijos más horas fuera del hogar. Comida rápida, comida basura, y así un largo etc. de culo, cuesta abajo y sin frenos. A eso se le llama «liberación de la mujer» y «progreso» ¿¿ ?? Esto se  llama psicopatía social. No tratemos de pintarlo de colores, sigue siento la misma basura.

Cuando en India murieron de una tacada 1.200 personas sepultadas bajo los escombros de una fábrica de ropa que muy complacientes comprábamos aquí, el doblarles el sueldo a aquellas personas, a las empresas españolas que los tenían sometidos a la esclavitud, les hubiera supuesto encarecer la ropa 15 céntimos de euro por prenda; prendas que se venden a precios, que incluso entre nosotros, hay personas que no pueden pagar.

No hace falta ser un lince para ver que las multinacionales están tratando de presionar para que también aquí se trabaje como en India; la gente acepta la idea de que deben doblegarse a lo que les dicten por miedo a quedarse sin trabajo.

¿Es esto lo que queremos?

¿Queremos seguir en ese camino? ¿Alguien se quiere parar a pensar y tomar decisiones?

Se puede empezar por pequeños gestos como evitar comprar en grandes superficies, evitar todo lo manipulado, preparar nuestros alimentos de forma básica. Prescindir de lo superfluo, nadie se va a morir por ello. Compremos los productos de nuestras huertas. Hagamos nuestras ropas. Arreglemos las cosas averiadas. Hay muchas, muchas cosas que se pueden hacer antes que caer en la esclavitud. La primera: revelarse y tomar decisiones.

Animo que somos muchos y hay muchas formas de dar la vuelta a la tortilla.

 

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