¿Cuánto calcio necesitamos? Normalmente se dice que necesitamos tomar mucho calcio, pero no sabemos cuánto necesitamos y así nos encontramos comprando todo preparado que contenga calcio añadido. Se nos bombardea con publicidad recurrente insistiendo en su contenido en calcio. Se insiste en que si los niños toman calcio serán los mejores, lo más inteligentes, los más fuertes, los más sanos.

Se vende leche con calcio añadido, se venden zumos de frutas con calcio añadido, se venden bebidas vegetales a las que se les denomina “leche de…” soja, avena, espelta, almendra, etc. con calcio; pan con calcio, etc.

Los huesos de los niños necesitan mucho calcio para un desarrollo óptimo.

Ante esta insistencia se me levantan las antenas y de nuevo hago preguntas incómodas

¿Cuánto calcio necesitamos?

La primera pregunta es ¿Las aves maman? NO, sin embargo tienen huesos. ¿Los peces maman? NO, sin embargo tienen huesos.

¿La leche animal tiene calcio? Si, entonces ¿por qué hay que añadirle calcio?

Si las aves y los peces no maman ni consumen leche, es evidente que el calcio está presente también en su alimentación.

La creencia de que hay que consumir ciertos alimentos y elementos, casi de continuo y en cantidades notables, es el paradigma de la sociedad de consumo. En la sociedad opulenta y con conocimientos científicos todo se mide y contabiliza; es el control de las masas por medio de las creencias, pero ahora ya no son las religiosas, es la salud, el dinero y la apariencia.

Y de nuevo la pregunta ¿cuánto calcio necesitamos? ¿Acaso sólo es importante el calcio? El hierro, el cromo, el fósforo, el silicio, el cobre, etc. y así hasta cubrir la tabla periódica. Si, la tabla periódica. En toda la naturaleza están presentes todos los elementos minerales, en la tierra, en el mar, en nuestros tejidos. En el suero sanguíneo están presentes todos los elementos de la tabla periódica y en la misma proporción que en el agua de mar, imprescindibles todos ellos para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

De este hecho se desprende que necesitamos un equilibrio en la alimentación y no debemos cargar la mano en ninguno, salvo que haya una carencia manifiesta que altere nuestra salud. De la misma manera también un exceso puede crearnos problemas. Lo bueno breve, dos veces bueno.

A día de hoy hay suficientes evidencias científicas de que un exceso de calcio produce envejecimiento prematuro, ateromas, endurecimiento de tejidos blandos y fragilidad ósea. Si, fragilidad ósea. Los países consumidores de leche son lo que tienen la más alta incidencia de osteoporosis y altos niveles de grasa en sangre, colesterol, que junto con el calcio forma los ateromas, los verdaderos causantes de accidentes cardiovasculares.

Otra observación acerca del calcio. El calcio al ser calentado por encima de los 30º-40º C se altera y no se asimila adecuadamente, razón por la que se deposita en tejidos blandos y no el los huesos. La leche que se comercializa ha sido pasteurizada, es decir elevada la temperatura a 70º, además de otras manipulaciones que alteran se constitución, con lo cual se ha convertido en un comestible y deja de ser un nutriente; que en otro orden de cosas sólo es útil para los terneros, ya que su composición está ajustada a las necesidades de un ternero y no de un humano.

La leche de vaca tiene un azúcar, lactosa, que requiere un enzima para su digestión y asimilación, la lactasa; enzima que el aparato digestivo de los mamíferos deja de producir al desarrollarse la dentición. Hay excepciones en que los niños pueden producir lactasa por más tiempo porque el aparato digestivo la sigue produciendo al continuar con el consumo de leche. Pero aun así, la lactosa es la causante de intolerancia digestiva en gran número de personas.

Sin duda que mis palabras no gustarán demasiado porque afectan a la industria lechera y a otros sectores del comercio de la alimentación, por lo que acabaré con otra observación.

Comemos mucho más que nuestros abuelos, trabajando muchísimo menos que ellos. Nuestra alimentación debe ser variada, fresca y lo más cerca posible de su estado natural. No comas nada que crezca a más de una jornada de tu casa. Lo dijo Confucio. El alimento más rico en nutrientes y más sano son los brotes tiernos, es decir las semillas germinadas; las fermentaciones, las frutas y verduras ecológicas.

Si realmente amáis los lácteos debéis consumirlos fermentados a partir de leche cruda, yogur, kéfir, quarck. Y como dicen los franceses: todos los días queso, al año un queso. Es decir, en pequeñas cantidades.