No hay trampa más difícil de gestionar que el sufrimiento. El sufrimiento es un vórtice de energía que cuando nos atrapa nos arrastra hasta el fondo de tal manera que muchas personas permanecen atrapadas durante toda su vida. No importa cuanto de  grande o pequeño sea el problema, el sufrimiento lo tiene atrapado y el sujeto cree que nunca podrá salir de ahí, que la vida es mala, ingrata y sufrimiento. Se nos dijo hasta la saciedad que la vida es un valle de lágrimas. El que se lo cree vive sumido en el dolor porque es la ley «Hemos venido a sufrir»

Todo eso es mentira, eso es una manipulación. La vida es muy compleja, pero simple a la vez, la vida es como todo, pasa como los ríos, fluye y no hay un día igual a otro; todo cambia, hay cosas que permanecen por un tiempo y otras se acaban nada más ocurrir. Cada minuto que pasa es eso, pasado. Los problemas son para resolverlos y no permanecer en ellos y aquello que no podemos resolver debemos verlo de otra manera y adaptarnos a la situación procurando que nos afecte de otra manera, que nos duela menos.

He aprendido muchas cosas a lo largo de mi larga vida, pero en la única que conseguí maestría fue en el manejo del sufrimiento. El aprendizaje mucho más real cuando se lo pone en práctica, se dice que si se oye se olvida, si se ve se comprende, si se hace se aprende. Yo lo hice.

Mucho antes de nacer fui rechazada, luego soportada, pero a condición de que fuera varón. Al nacer lo hice con tres vueltas de cordón alrededor del cuello, cianótica. Me tiraron sobre una cama. Eran las doce menos cuarto de la mañana y hasta las cinco de la tarde no se ocuparon de mí. A lo largo de mi infancia se me repitió hasta la saciedad de que no era bien recibida, que era horrible de fea y que les daba asco. Hasta los dieciséis meses no me movieron de la cuna y eso porque una vecina preguntó si andaba y como no andaba les dijo que me tenían que poner a andar.

Esto es el principio. No sé si en algún momento sentí ira, lo que sé con toda seguridad es lo que sufrí. Tristeza muy profunda, sensación de abandono, de rechazo. Toda mi infancia fue una lucha por conseguir un espacio, ser aceptada. Soporté humillaciones e imposiciones las que me quisieron echar con tal de ser aceptada. Hacía circo si era preciso para que me vieran y hacer menos molesta mi presencia.

Recuerdo unas palabras de José Larralde, cantautor uruguayo que me llegaron al alma y me hicieron dar un giro a mis sentimientos.

«De gurí fui tratao como los perros y aunque nunca hice caso a los rigores, me chuciaron tan fuerte los malditos que en mi pecho ya no entran más dolores»

Entonces comprendí que sufrir o liberarme era una decisión mía.

Dime cual es tu sufrimiento y te diré como manejarlo porque seguro que yo también pasé por ese camino.